Por: Nicolle Knüst, periodista, Socia y Cofundadora de Wunder Group

Alrededor de esta fecha un par de años atrás me llamaban de empresas para contar mi testimonio como mujer emprendedora exitosa a otras mujeres, así tal cual era el tipo de descripción de los emails que recibía. La verdad es que en ese minuto no me cuestionaba ese rol, mi relato, que decenas de mujeres estuvieran sentadas escuchándome, ni tampoco que al terminar mi presentación me regalaran flores por mi exposición, me aplaudieran, me confesaran que les encantaría emprender, pero les daba miedo, que yo las había motivado demasiado y que incluso mi relato les había impactado profundamente . No ponía en duda que el asunto de atención fuera yo y no nosotras.

 

Actualmente reflexiono sobre esto, porque mi propuesta de valor personal cambió, y desde ese lugar mi aporte social y por ende, los contenidos que genero a todo nivel también se transformaron. Nunca más hablé en singular, nunca más asumí nada, nunca más utilicé términos como empoderamiento sin cuidar su contexto y trasfondo, nunca más volví a pararme en ninguna plataforma sin sentir en lo más profundo cada una de las palabras que digo, escribo y comparto, sin concientizar primero, resonar y empatizar con cada una de las mujeres de esa audiencia. Y cada vez que lo hago apurada, inconsciente o incluso consciente, pero creyendo que sigo siendo la misma de antes, me rebota como una patada en la guata, porque sé que cambiamos, y para siempre.

 

Después del 8M del 2020 en Chile hubo un antes y un después para nosotras, porque el despertar se hizo colectivo, la historia de una era de todas, se perdió el miedo al silencio, nos cansamos de cubrir a quienes no nos cuidan y nos han hecho daño, nos dimos cuenta que desde la sorodidad y comunidad somos más fuertes, derribamos paradigmas patriarcales como que las mujeres competimos entre nosotras, ese día gritamos a todos pulmón que la cuarta ola del feminismo llegó para quedarse, y que no descansará hasta que se haga justicia por las que no están, hasta que podamos caminar en paz, hasta que volvamos a sentirnos seguras en nuestro propio país e incluso en nuestros hogares.

 

Un ejemplo de ello, es la etiqueta "Poder de Mujer y Liderazgo Corporativo” , un título que les encanta a las Gerencias de Recursos Humanos, porque ciertamente es lo que cualquier corporación quisiera. Una mujer “empoderada y líder”. Pero qué sabemos de poder en un mundo donde escuchamos más seguido abuso de poder que cualquier otra manifestación de éste. Pues bien, sin ánimo de querer teorizar en el término, considero que debiésemos de apropiarnos de este concepto con orgullo “Poder de mujer”, que vale destacar que no es sinónimo de empoderamiento, ya que si investigamos un poco, el empoderamiento proviene de la falta de poder y por ende el fortalecimiento de esas capacidades, por ahora débiles, sin embargo, desde donde yo entiendo el nuevo paradigma de Mujeres Agentas de Cambio, el poder es una capacidad per sé, se presenta desde lo positivo - y no impositivo-  El poder de mujer emerge desde la maravillosa capacidad de reconocer en nosotras nuestro propio poder personal, que muchas veces es el resultado de la trasmutación de dolores, pérdidas, fracasos, caídas, pero incluso trasciende el origen, pues está en la naturaleza misma del ser mujer, y se multiplica en lo colectivo, en reconocer nuestras fortalezas y también las fortalezas de otras mujeres y así incrementar ese poder en sororidad. El Liderazgo Corporativo, para mí es anecdótico, ya que es el resultado directo y proporcional de la decisión de una mujer, que quiere desempeñarse profesionalmente en una corporación y poner a disposición sus talentos y fortalezas, en pro del desarrollo de un área o una empresa.