Zoha Aidaroos al-Saadi fue la única doctora que se quedó en el hospital donde trabajaba en Adén, cuando el coronavirus azotó Yemen. Hoy la joven médica se prepara para la segunda ola de Covid-19, sin recursos y tal como lo hizo en la primera pasada.

Sus colegas huyeron todos del hospital cuando llegó el coronavirus y ella por voluntad decidió quedarse, junto a otra enfermera. 

Sucede que Yemen vive en guerra hace seis años, lo que ha impactado de mala manera en la infraestructura de sus hospitales. Más de la mitad de los centros de salud han sido destruidos y dos terceras partes de la población depende de asistencia para sobrevivir.

Al-Amal había sido designado por el gobierno como el hospital para tratar a pacientes con Covid y su infraestructura no era la mejor y además estaba mal equipado. Contaba con nueve camas, cada una con su respirador correspondiente, pero sin equipo médico era difícil reponer el oxígeno en medio del colapso de enfermos y con tan solo cuatro manos. 

Fueron dos semanas en las que Zoha no pudo salvar la vida de ningún paciente. Pero no perdió la fe y en cuanto se enteró que la OMS capacitaba personal en su país se inscribió, pero la frustración fue aún mayor porque descubrió que no sacaba nada con saber qué hacer frente a la emergencia sin tener equipamiento necesario.

"Nos estaban dando capacitación pero no teníamos los suministros ni la infraestructura para aplicar nada de los que nos enseñaban", declaró a la BBC Zoha.

Cuando llegó el coronavirus y 12 médicos que trabajaban en el hospital perdieron la vida, fue cuando el centro cerró sus puertas y tan solo decidió quedarse Zoha.

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Momento crítico y un poco de esperanza

Uno de los más duros momentos que enfrentó Zoha fue cuando los pacientes conectados morían sofocados porque se les acababa el oxígeno y ella no los alcanzaba a llenar. No había personal de apoyo para llenarlos los cilindros y solo Zoha junto a la enfermera se encargaban de esa tarea entre otras más.

Zoha relató el momento en que uno de los pacientes tomó su mano al verla entrar en crisis de pánico y le dijo: "'No te preocupes, querida, sé que mi hora ha llegado y no es tu culpa, has hecho todo lo posible'". 

En ese momento Zoha comenzó a publicar mensajes devastadores y desesperados en Facebook contando su realidad, para ser escuchada por el gobierno pero no tuvo respuesta. En mayo pidió ayuda a a la ONG Médicos Sin Fronteras (MSF) que en pocos días llegó con asistencia. Zoha ya no estaba sola.

"Estaba afuera llorando, ya era demasiado", relató Zoha y un doctor que la vio le dijo: "Fuerza, estamos contigo y la situación mejorará, te lo prometo", de acuerdo a su relato. Al tiempo la situación pudo controlarse y el resto del personal volvió al hospital.

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"Los pacientes solían abandonar el hospital dentro de una bolsa plástica blanca, ahora salían a pie. Fue como salir del infierno al cielo", comentó Zoha quien posteriormente enfrentó un rumor que se hizo viral. Se dio a conocer a través de un audio de Whatsapp que el hospital donde trabajaba se deshacía de pacientes con Covid dándoles una inyección letal.

"Decían que a los enfermos terminales y a punto de morir les daban inyecciones de eutanasia. Era una locura, pero la gente se lo creyó", expresó. Ese rumor finalmente no pudo ser comprobado.

Hoy Zoha se prepara mentalmente para la segunda ola de contagios que ya ha arrasado en el último tiempo en algunos países. El temor de Zoha es nuevamente verse enfrentada en solitario a esta etapa. "La gente aquí cree que el virus ha desaparecido, pero los científicos dicen que no es verdad", expresa. "Estaremos tan mal preparados como en la primera. Ellos [el gobierno] no han aprendido nada", teme.