Javiera Donoso
Por Javiera Donoso
Psicóloga especialista en reparación emocional y temáticas de autocuidado y autoestima.

Este 8 de marzo conmemoramos el día Internacional de la mujer, recordando aquella tragedia donde mueren 140 trabajadoras encerradas en una fábrica, mientras exigían mejoras salariales y condiciones laborales dignas.

Los movimientos feministas en sus distintas olas o generaciones de lucha han conquistado derechos que en su minuto parecían imposibles y que aunque falta mucho, estos son los avances que me gustaría destacar:

Inclusión laboral: Las mujeres eran tratadas como sirvientas o esclavas. La opción de realización profesional era imposible, ya que el trabajo era “para hombres”.

Sufragio: Recién en el año 1949 las mujeres en Chile pudieron empezar a votar.

Igualdad ante la ley: En Chile sólo desde 1999 se modifica la Constitución para explicitar que hombres y mujeres son iguales ante la ley.

Derechos reproductivos: Reducción del cuerpo de la mujer a la función materna y la satisfacción sexual del hombre.

Estudios profesionales: No teníamos acceso a la educación profesional.

Participación social y política: Éramos excluidas de cargos de alta responsabilidad y por lo tanto, no teníamos representatividad en la clase política.

Estos son sólo los ejemplos más visibles de los logros que los movimientos feministas han tenido históricamente, repercutiendo en actos, gestos y formas cotidianas más sutiles, pero que han hecho la diferencia entre una vida como “persona de segunda categoría” a una mujer que participa plenamente del pacto social.

Hoy día cumplen un rol fundamental, instalando temas tan importantes como la ecología, el respeto a la diversidad de género, el cuidado por la vida, el cuestionamiento a la cultura patriarcal y la organización jerárquica de las instituciones. Movimientos estudiantiles, marchas masivas, toma de voz en movimientos sindicales, lucha al interior de la esfera política, van presionando para poner en la “agenda” política, temas que de otro modo no serían recogidos.

Estos movimientos se alimentan por una parte de la articulación social y política, al mismo tiempo de investigaciones académicas en teoría de género. Manteniendo viva la convicción de lograr cambiar las reglas del juego, para asegurar la protección de los derechos y el acceso a la justicia cuando estos son violados.

Es crucial que se sumen otras instancias sociales, que la lucha se extienda y se lleve al interior de las empresas y del Congreso. Que ganemos espacio dentro de los grupos de poder; político y económico. Que toda la sociedad se vista de morado, alzando la voz, para que nunca más las mujeres seamos explotadas, excluidas, maltratadas, subvaloradas, reprimidas y asesinadas.